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El Instituto Sanmiguelense, espécimen de esfuerzo y modelo educativo de San Miguel

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Por Roberto López Arrieta (OND Noticias)

San Miguel de Allende, Gto. (ODN Noticias).- De vender paletas durante los veranos en Estados Unidos, pasó a consolidar la única escuela en la región que ofrece la ingeniería más complicada, la mecánica con especialidad en simulación. Fernando Balderas es hoy un sanmiguelense reconocido no sólo por la escuela que hoy dirige, sino por su esfuerzo y por sacar adelante proyectos en los que pocos creían.

El Instituto Sanmiguelense, hoy convertido en sinónimo de calidad y desarrollo tecnológico, inició a partir de la necesidad de vender un software especializado en la simulación. Las empresas sabían de la utilidad de ese programa pero no tenían ingenieros capacitados para operarlo. Ahí había un nicho de mercado que un grupo de amigos supo explotar.

“Todo pasó gracias a que tuve suerte y he estado listo, no porque yo sea listo”, dice Fernando Balderas cuando empieza a contar para ODN Noticias, la historia de su trayecto para formar una de las escuelas más prestigiadas de la región.

Recién egresado de la Universidad de Guanajuato como ingeniero mecánico, Balderas fue al Centro de Ingeniería y Desarrollo Industrial (CIDESI) para buscar un empleo.

“Me preguntaron dos cosas básicas, de dónde había egresado y si hablaba inglés. Hablar inglés me abrió muchas puertas y me dio oportunidades, por eso me sirvió tanto cuando viajaba a los Estados Unidos a trabajar durante los veranos”.

Efectivamente le ofrecieron un trabajo en ese lugar, pero su entrevistador le ofreció otro, uno de menor paga pero que le abrió las puertas al negocio de tecnología: vender un software especializado en simulación por computadora.

Amable y divertido, Balderas cuenta su historia desde la enorme mesa de juntas en su oficina del Instituto Sanmiguelense. Se mueve en su silla y se emociona conforme cuenta algunas de las partes más relevantes.

Incluso se enorgullece de confesar que, durante los veranos cuando había vacaciones de la escuela, su padre lo mandó a Dallas con sus tíos a trabajar en una paletería, “me llevaba el carrito afuera de las iglesias y aunque me daba pena, siempre acababa todas las paletas, era buen vendedor”, contó el ingeniero quien también trabajó como lavaplatos.

Relató que empezó a trabajar en esa empresa vendiendo el software, pero era 1990 y no cualquier persona tenía las posibilidades de comprar un software especializado, “fue una empresa pionera en México, estábamos en Querétaro y teníamos clientes grandes, como Pemex”.

Balderas recordó que en ese periodo constantemente viajaba a Estados Unidos para capacitarse y ahí conoció a la pareja de norteamericanos que proveía a la empresa mexicana para la que él trabajaba. Esa pareja posteriormente le ofreció quedarse con la empresa y en 1994 rentó una oficina en la calle de Mesones y abrió la nueva empresa, ahora ya como patrón, con una mesa de tres patas y tres ladrillos sosteniendo la cuarta pata faltante.

De vendedor a profesor

Para 1997, Balderas ya había reunido a un grupo de especialistas para vender el software y capacitar. Entre su cartera de clientes estaba la CFE, el Instituto Mexicano del Petroleo y algunas universidades.

“En ese tiempo todos éramos veinteañeros y cuando buscábamos nuevos clientes, nos decían que sí estaba muy útil el programa pero que no tenían quien lo manejara. Nosotros les ofrecíamos capacitarlos, pero muchas veces los ingenieros eran ya gente madura, arriba de 60 años, que no sabían prender una computadora; así fue como se nos ocurrió abrir una escuela de ingeniería y desarrollamos un programa nuevo de ingeniería mecánica acorde a lo que faltaba en los tradicionales. Todos éramos ingenieros y sabíamos qué le hacía falta a los programas educativos”.

De ese punto vino todo un suplicio en el que la Secretaría de Educación tuvo el protagonismo. “Fuimos a la SEP para que nos revisaran nuestro plan de estudios y poder obtener el famoso REVOE, pero ellos nos canalizaron con la delegación de Guanajuato y ahí se atoró todo. Nos dijeron que como no había empresa en San Miguel, no podíamos tener una escuela de ingeniería, ¡que tontería!”.

Finalmente les recibieron los documentos y después de dos años de espera y de varias visitas para saber cómo iba la revisión de su plan de estudios, le regresaron completa su carpeta porque no había nadie que la pudiera revisar”.

“No podía creer que en la Secretaría de Educación no hubiera nadie que pudiera revisar nuestro plan de estudios”, dijo Balderas mientras lanzaba uno que otro “jijo” contra el funcionario que le regresó los documentos.

Y continuó “después, ya frustrados, se nos ocurrió acercarnos a la Universidad de Guanajuato y en menos de 6 meses ya estábamos incorporados a la universidad y conseguimos el permiso para abrir la escuela”. Era mayo de 2004.

Compartió que rentaron una casa en la calle Mesones, “estaba en ruinas. La arreglamos, le habilitamos salones, cocina, una biblioteca y abrimos con 11 alumnos, la mayoría de ellos becados, porque lo que queríamos era ya abrir”, dijo divertido Fernando Balderas.

Reveló que mientras daban clases, sus socios y él se dieron cuenta que los alumnos tenían serias carencias en materias básicas para un ingeniero, como matemáticas o cálculo. “Estuvimos preguntando dónde habían estudiado y supimos que eran carencias que acarreaban desde la prepa, así que también decidimos abrir una. Otra vez fuimos a la universidad de Guanajuato y conseguimos abrir la prepa en el 2005. Siempre nacimos vinculados con la Universidad de Guanajuato; hay escuelas que les resulta muy difícil vincularse, pero nosotros lo hicimos desde el inicio”.

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Terreno a pagar en 25 años

Con un vaso de agua fresca que nunca bebió durante la entrevista, Fernando Balderas recordó que en el 2006 se acercaron al gobierno municipal para hacerle una propuesta que, tras ser aceptada, causó polémica. Gobernaba el municipio Luis Alberto Villarreal.

Balderas propuso al gobierno otorgar, del total de sus alumnos, el 15 por ciento de becas al 100 por ciento durante 25 años a cambio de un terreno de dos hectáreas para construir ahí la escuela.

“Yo conocía al alcalde y a algunos regidores, siempre he sido buen vendedor y les vendí esa idea, así que al momento de votar, fue unánime. Yo no calculé muy bien en lo que me estaba metiendo, pero hemos cumplido nuestra palabra totalmente”.

Como un ejemplo, Balderas dijo que en el último año han otorgado en becas 4 millones y medio de pesos “y aún nos faltan 15 años para cumplir con ese acuerdo; ese terrenos nos va a salir carísimo”, ríe.

Incluso, dijo que las dos hectáreas que originalmente le había designado el municipio, estaban frente a la Universidad Tecnológica “y como pasaron casi dos años sin que le pudiéramos construir nada, nos quitaron ese terreno para ampliar la UTSMA y me dejaron escoger otro. En ese tiempo no había nada, no estaba construido nada; vine a ver el lote, lo escogí y nos fue mejor”.

Dijo que hoy existe todo un comité de becas que se encarga de analizar quiénes son los candidatos más aptos para recibirlas, pero fundamentalmente priorizan dos factores: las calificaciones y la necesidad económica. El municipio siempre está envuelto en todo ese proceso

“Desde entonces hemos ido construyendo la escuela y no terminamos, buscamos tener más carreras y ampliar el terreno”. Hoy tienen tres carreras más además de ingeniería mecánica: Licenciatura en Diseño y Comunicación Visual; Ingeniería en Sistema con énfasis en diseño de software y Licenciatura en gestión empresarial, así como una especialidad en ingeniería mecánica.

Hoy tienen 70 egresados de nivel profesional “y el 80 por ciento de los egresados tienen ofertas de trabajo incluso antes de terminar la carrera. Ahora que llegó el polígono empresarial, somos el único instituto que ha metido gente de nivel profesional a trabajar en las empresas que se asentaron ahí; y es que nunca fue nuestra meta ser una escuela patito, queríamos algo de calidad y ahora vemos los resultados”.

Incluso compartió que están a punto de convertir la preparatoria al formato de bachillerato internacional. En México sólo hay 120 escuelas con ese formato; en Guanajuato, el Instituto Sanmiguelense se convertirá en la segunda.

“Será una prepa muy inteligente, pero también muy exigente. Hoy estamos a modo de prueba y estamos a punto de lograrlo”.

Hijo de un prominente abogado que pudo estudiar su carrera gracias a que un sacerdote, en su natal Ocampo, le vio cualidades en el estudio y lo llevó a estudiar gratis al seminario, Fernando Balderas confesó que el gusto por la educación lo heredó de su padre.

“Ahora que mi papá falleció, vemos sus notas y siempre fue excelente, puro 10. Él sacó su carrera como abogado con mucho trabajo, trabajando de mesero y otras cosas, pero lo logró y sacó adelante a su familia. Tuvo diversos trabajos y por uno de esos llegamos a San Miguel de Allende cuando yo tenía 5 años y él logró un puesto como juez”.

Aunque nacido en León, Balderas se dice completamente sanmiguelense “me hubiera gustado que mi papá viera lo que he conseguido. Por eso no me arrepiento de haber ofrecido las becas, es una manera de devolverle a San Miguel todo lo que me ha dado”.

Y ahora un Parque Tecnológico

Fernando Balderas dijo que, justamente por las características de las carreras que ofrecen, era necesario tener un campus que pudiera generar investigación, innovación y desarrollo “entonces necesitábamos un parque tecnológico; queríamos hacer desarrollo de negocios con base tecnológica, y que no sólo le sirviera a los alumnos, sino además para ofrecer servicios a empresas”.

El Parque Tecnológico del Instituto Sanmiguelense tiene hoy una súper computadora que prácticamente no hay en la región. “Mi sueño es un poco que San Miguel se pueda convertir en una especie de Silicon Valley, desde donde surjan las ideas para los productos que revolucionarán el mercado, así nacieron los productos de Apple”.

En Guanajuato hay 7 parques tecnológicos y el de San Miguel es el único que no tuvo apoyo del gobierno, es enteramente con recursos privados.

“En el Parque Tecnológico tenemos gente muy talentosa que puede ayudar a desarrollar productos, pero más importante, a venderlos. Somos una especie de mentores de proyectos, proyectos realizables y vendibles”, dijo Balderas visiblemente convencido.

A sus 49 años y con 4 hijos, Fernando Balderas ha logrado posicionar un instituto educativo de calidad, ha otorgado más becas que cualquier otra escuela para apoyar a estudiantes que no tienen la posibilidad de cursar una carrera, tal como un sacerdote lo hizo con su padre y lo llevó de cuidar chivas en el monte, a convertirse en el abogado que improntó en su hijo el amor por la educación.

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